sábado, 9 de octubre de 2010

Los rizos...no están nada mal

De hecho, si os soy sincero, nunca pensé que ella fuese a entrar así en mi vida. Me esperaba algo romántico, algo bonito, algo que, sin ser empalagoso..no sé, me llenase un poco...¡un poco solo! Pero me gusta, me gusta mucho. Pelo alborotadito, no muy alta para ser sincero, un cuerpo diez y una carita más que suficiente. Quizá lo peor sea que después de tanto y tanto tiempo, aún no haya entrado en mi vida y eso, aunque apetece ocultarlo, duele.
No es la mejor del Mundo, probablemente ni siquiera sea la mejor del barrio, pero cada vez que me dirige una mirada, aunque sea de la forma más indirecta posible, me hace sentir vivo, contento, eufórico, no se, especial.
Y a modo de anécdota siempre podría contaros mil batallitas de por que, de quien, y como me enamoré, pero me parece una tontería dejar de hablar de ella.
La quiero, la amo, la añoro, la extraño mucho cuando no está, la necesito cerca si la veo lejos, si esta cerca...necesito que me toque. Y esté cerca, en Madrid, En la China o en Japón, SIEMPRE, y si digo siempre, digo siempre, siento la necesidad de besarla. Besarla fuerte, con ganas, con sentimiento, apartándonos del Mundo cual cohete cuando zarpa hacia el espacio, un beso tras otro, en la boca, en el cuello, en la mejilla, olerla el pelo, tocarle esa suave piel.
Es más, a veces la siento, la siento muy cerca, pero pronto desaparece de mi mente.
Algún día, esto dejará de ser imaginación, y juro que la tendré, lo juro.

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