domingo, 28 de febrero de 2010

Aquella tarde no era normal. Los pájaros lloraban, los girasoles estaban decaídos, a pesar de aquel brillante sol en mitad de un cielo azul cristalino. Él, en el porche de su majestuosa casa, miraba hacia ningún sitio intentando averiguar el porqué de toda aquella tristeza en esa calle.
De repente, una sombra se acercaba a dar la vuelta a la esquina, mientras él, impaciente, esperaba a ver que era, era un barrio tan aburrido y solitario...¿Quién podría ser?, se preguntaba una y otra vez, hasta que de repente, una despampanante mujer apareció en su calle, una melena casi perfecta, morena, unos ojos azules expectaculares, un cuerpo de escándalo, y esos labios pidiendo a gritos un beso, un beso de la boca de ese hombre que, a partir de esa tarde, jamás volvió a ser el hombre aburrido del porche.

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