miércoles, 6 de enero de 2010

Final

Era una tarde fría. Las calles congeladas, los animales refugiados en cualquier lugar del barrio, nadie caminaba por la calle, nadie excepto él. Eusebio caminaba despacio por la acera del barrio sin luz arrastrado, mayormente, por un fuerte viento que hacía imposible un paseo tranquilo y que había destrozado por completo el paraguas del joven Eusebio. Eso sí, ni el viento, ni el frío, ni aquel aguacero que caía sin parar del oscuro cielo de la ciudad, impedían a Eusebio pensar en ella, en esa chica normal, con sus defectos, con todo eso que la hacía idiota, pero que le hacia volar, sentirse el hombre más feliz del Mundo cada vez que ella le dedicaba una sonrisa, una palabra, cualquier cosa.
Mientras Eusebio caminaba (Como podía, dadas las condiciones) se iba dando cuenta de que en realidad esa chica no le hacia feliz, de hecho para nada él era feliz. Eusebio sufría cada noche pensando en las historias que Lucia se podía montar con cualquier otro chico, en los malos rollos que a veces tenían… y siempre sufriendo, a pesar de Lucia llamarle paranoico, histérico… pero Eusebio tenia razón, y él tenía claro que sobraba. Pero… ¿Qué hacer?, ¿Cómo actuar ante la niña que le tenía loco?
Eusebio se hartaba de todo, siempre haciéndose el duro ante la niña para quedar bien, pero llegó ese día, y no pudo más.
Mientras Eusebio caminaba entre viento, lluvia y frío veía acercándose una personita pequeña, parecía que paseaba un perro. Al acercarse, ambos se dieron cuenta de quienes eran el uno y el otro.
Lucia intentó acercarse más aprisa a Eusebio, pero este rápidamente se dio la vuelta y comenzó a andar rápido hacia el otro lado. Lucía lo siguió, lo siguió 100, 200, 300 metros, hasta que le alcanzó. Eusebio se hacía el tonto cuando Lucía le preguntó que le pasaba, pero Eusebio confesó, Eusebio se tiró media hora hablando mientras Lucia (Y su perrito, encantador, por cierto) escuchaba.
Cuándo Eusebio terminó, Lucia no tuvo nada que decirle, nada más y nada menos, que lo de siempre, solo amistad.
Eusebio, harto, se fue sin decir adiós, y jamás reapareció.


Un triste final para una historia bonita…pero triste a su vez.

1 comentario:

  1. Lindo relato; final triste; como la vida misma, quizás. Me gusta como escribís, un gran 2010! Ezequiel

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