viernes, 15 de enero de 2010

Buen día

Después de asomarse a la ventana, el chico volvió a tararear esa cancion que siempre la tenía tan ligado a ella, y que, en realidad, le resultaba totalmente ridícula.
Él no era muy dado a la limpieza, pero la tristeza que por dentro llevaba le hacía cojer cualquier balleta y ponerse a limpiar el más minimo resquicio de polvo que veía sobre la cómoda de la sala de estar.
Se sentaba y encendía la radio, que tenía talladas sus iniciales en el borde, al lado de la ruedita del volumen. LFG, rezaba la vieja radio que, la verdad, sonaba distorsionada, y mal, muy mal, pero no hacía más que recordarle un pasado…lleno de malos días, pero que al final, era su pasado.
Calentó su tacita de café, como todas las noches y, mientras subía las escaleras volvía a tararear la canción ridícula, su canción, la que le hacia recordar el amor de su vida.
Abrió la puerta de la habitación, en ella le esperaba su despampanante mujer, una pobre ilusa creyente de que ella era el amor de su vida.

Y esa crueldad…¿De dónde le había salido?

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