viernes, 22 de enero de 2010

Un cuerpo de escándalo

¿Os gustan las rubias?
A mí me encantan las rubias, me encantan mucho más si tienen los ojos como ella, la tripita como ella, besan como ella, y te abrazan como ella. Ella es esa chica con un cuerpo de escándalo y la cara...la cara suficiente, pero a mi me gusta, me da ese "no se qué" que otras no me supieron dar jamás, me da esa fuerza para seguir cuando no tengo que hacer, que pensar, que sentir. Dicen que las rubias son tontas, que se rien por gilipolleces, que no tienen ni idea de la vida, y que su unico objetivo en la misma (La vida, si) es follar, follar con cualquier caballero que las ofrezca un poco de amor, pues con todo el respeto del Mundo les voy a decir: ¡Una mierda! Esta rubia mola, teníais que verla sonreir, dibujar un perrito aprovechando la nieve de un banco simplemente para hacerme sonreir una mala tarde por santander. No puedo decir que las rubias son geniales, pero ella es...ella es Sensacional.

Pd: Amigos, estoy curado de aquella enfermedad de nombre Lucia, estoy bien.

viernes, 15 de enero de 2010

Buen día

Después de asomarse a la ventana, el chico volvió a tararear esa cancion que siempre la tenía tan ligado a ella, y que, en realidad, le resultaba totalmente ridícula.
Él no era muy dado a la limpieza, pero la tristeza que por dentro llevaba le hacía cojer cualquier balleta y ponerse a limpiar el más minimo resquicio de polvo que veía sobre la cómoda de la sala de estar.
Se sentaba y encendía la radio, que tenía talladas sus iniciales en el borde, al lado de la ruedita del volumen. LFG, rezaba la vieja radio que, la verdad, sonaba distorsionada, y mal, muy mal, pero no hacía más que recordarle un pasado…lleno de malos días, pero que al final, era su pasado.
Calentó su tacita de café, como todas las noches y, mientras subía las escaleras volvía a tararear la canción ridícula, su canción, la que le hacia recordar el amor de su vida.
Abrió la puerta de la habitación, en ella le esperaba su despampanante mujer, una pobre ilusa creyente de que ella era el amor de su vida.

Y esa crueldad…¿De dónde le había salido?

miércoles, 6 de enero de 2010

Final

Era una tarde fría. Las calles congeladas, los animales refugiados en cualquier lugar del barrio, nadie caminaba por la calle, nadie excepto él. Eusebio caminaba despacio por la acera del barrio sin luz arrastrado, mayormente, por un fuerte viento que hacía imposible un paseo tranquilo y que había destrozado por completo el paraguas del joven Eusebio. Eso sí, ni el viento, ni el frío, ni aquel aguacero que caía sin parar del oscuro cielo de la ciudad, impedían a Eusebio pensar en ella, en esa chica normal, con sus defectos, con todo eso que la hacía idiota, pero que le hacia volar, sentirse el hombre más feliz del Mundo cada vez que ella le dedicaba una sonrisa, una palabra, cualquier cosa.
Mientras Eusebio caminaba (Como podía, dadas las condiciones) se iba dando cuenta de que en realidad esa chica no le hacia feliz, de hecho para nada él era feliz. Eusebio sufría cada noche pensando en las historias que Lucia se podía montar con cualquier otro chico, en los malos rollos que a veces tenían… y siempre sufriendo, a pesar de Lucia llamarle paranoico, histérico… pero Eusebio tenia razón, y él tenía claro que sobraba. Pero… ¿Qué hacer?, ¿Cómo actuar ante la niña que le tenía loco?
Eusebio se hartaba de todo, siempre haciéndose el duro ante la niña para quedar bien, pero llegó ese día, y no pudo más.
Mientras Eusebio caminaba entre viento, lluvia y frío veía acercándose una personita pequeña, parecía que paseaba un perro. Al acercarse, ambos se dieron cuenta de quienes eran el uno y el otro.
Lucia intentó acercarse más aprisa a Eusebio, pero este rápidamente se dio la vuelta y comenzó a andar rápido hacia el otro lado. Lucía lo siguió, lo siguió 100, 200, 300 metros, hasta que le alcanzó. Eusebio se hacía el tonto cuando Lucía le preguntó que le pasaba, pero Eusebio confesó, Eusebio se tiró media hora hablando mientras Lucia (Y su perrito, encantador, por cierto) escuchaba.
Cuándo Eusebio terminó, Lucia no tuvo nada que decirle, nada más y nada menos, que lo de siempre, solo amistad.
Eusebio, harto, se fue sin decir adiós, y jamás reapareció.


Un triste final para una historia bonita…pero triste a su vez.