miércoles, 30 de diciembre de 2009

Idioteces.

Ya con todo, hay fórmulas interesantes que surgen con la experiencia pero que aún son imposibles de resolver. Por ejemplo: ¿masturbación a los diez años te hace un inventor?, o ¿jugar Botella Borracha a los doce te asegura tu primer beso?, o ¿una camisita bien planchada en una fiesta a los catorce te asegura gustarle a alguien? ¿Cartitas a los quince te aseguran una novia? ¿Cigarros a los diecisiete te aseguran SEXO? ¿Ser extraño y distinto, pero a la moda, a los dieciocho te aseguran sexo? ¿Ser tú a los veinte te asegura que alguien va a despertar contigo en la mañana? ¿Querer a alguien a los veintitrés te asegura que no será una eternidad tediosa lo que te demores en llevarla a su casa después de haber tenido sexo? ¿Cederle el lado seco de la cama para dormir a los veintiséis te asegura que te querrá más mañana? ¿Sexo con la misma mujer a los treinta y cinco te asegura más sexo? ¿Dejar de ver un partido de fútbol a los cuarenta te asegura que ella acceda a traer a una amiga a la cama? ¿Un buen puesto en la oficina a los cincuenta te asegura sexo con la secretaria? ¿Una vida sana te asegura tener fuerzas para el sexo -entiéndase potencia- a los setenta? ¿Tus nietos te admirarán por haber tenido muchas experiencias de catre? ¿Educaré a mis nietos sobre lo importante de los ‘antes’ y los ‘después’ y mandaré a la mierda en sí al sexo? Son en sí, pequeñas dudas que nacen sobre la marcha, y con las que tendré que seguir viviendo y haciendo papelones, pues parece, que tenemos una cultura en la que a todos nos encanta burlarnos de los detalles sublimes del que metió la pata.

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